Ángeles Miñarro Garrido
Psicóloga Oficina Asistencia a Víctimas de Delitos. Decanato Cartagena.
Psicóloga Dispositivol 112 de Intervención Psicológica COP de Murcia.

La Ley Orgánica 1/2004 de 28 de Diciembre, de medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género lleva 5 años de andadura por los Juzgados creados para su puesta en marcha y desarrollo. Este lustro de vida propicia las primeras evaluaciones, análisis y reflexiones. Partimos de la base lógica de que si se articula una ley de tal envergadura es para dar respuesta a situaciones que son constitutivas de delito luego denunciables y que estos delitos sean condenados.

¿Qué se denuncia?
¿Quién denuncia?
¿ Por qué se denuncia?

> Es de todos sabido que el hogar se entiende como lugar de paz y afecto, de seguridad para los hijos y de construcción de un proyecto de vida de pareja. Es deseable que así sea y lamentablemente frecuente que no ocurre de dicha manera. Hasta el extremo de producirse agresiones con resultado de muerte, con secuelas psicológicas traumáticas que interrum­pen el crecimiento emocional de los miembros de la familia más vulnerables que son los hijos.

> Cada vez hay más mujeres dispuestas a denunciar lo que era invisible hace unos años, dispuestas a que se dé respuesta o solución a una situación de acoso o agresión física o psíquica a la humillación y la amenaza, al aislamiento impuesto, al sexo forzado … Se interponen denuncias por mal trato, por empujar, golpear, dar palizas, por violentar el cuerpo, por amenazas de muerte, por encierros. Estas denuncias y gracias a la creciente concienciación ayudan a visibilizar la violencia contra la mujer y sus hijos, sacan a la luz los delitos que se comenten en el ámbito privado y colaboran a la desnaturalización de la agresión como modelo de resolver un conflicto y a la deslegitimación del dominio masculino.

> En el ámbito de la familia la puesta en marcha de engranaje judicial que comienza con la denuncia conlleva un coste psicológico añadido a cualquier procedimiento de otra índole. > Esto es debido a que los hechos ocurren en el espacio privado del hogar y al que se denuncia es la marido, al hijo/a, al hermano/a, al novio, al padre … Es una difícil decisión que genera un conflicto interno e implica deseos e intereses en­contrados y en muchos casos disuade de hacerlo. Empiezan a funcionar los mecanismos de defensa para autoconvencerse de que no es la solución denunciar, más bien se minimiza, se niega, se ignora el hecho violento y se continúa con una falsa normalidad familiar que es lo que se desea, que no haya ocurrido, que todo cambie y no vuelva a ocurrir. La víctima perdona una y otra vez a su agresor esperando que sea la última agresión. No es fácil denunciar a personas que se quieren o se han querido.

> La inclusión creciente pero aún insuficiente de los/as psicólogos/as en la Administración de Justicia se hace cada vez más necesaria y demandada ya que aportaría en los casos de asistencia en las denuncias ,de un apoyo pertinente para favorecer el proceso tanto a nivel emocional a la víctima como de agilidad procesal.

> Es de fácil comprensión la denuncia de un robo, de un impago, de una infracción de tráfico … Pero cuando la denuncia se debe a delitos de violencia de género o familiar no resulta tan obvia la pertinencia de proceder a denunciar los hechos. Hay un componente afectivo que hace difícil poner fin a la relación de maltrato y contribuye a perpetuar la lacra social que supone la violencia contra las mujeres. Es este factor emocional el que nos anima a ser empáticos con las víctimas, y como profesionales de lasalud psicosocial preguntamos si en el mornento dé denunciar o de aconsejar que se haga, ha dejado de querer a su agresor, se han terminado los vínculos afectivos construidos en años de relación y ser más conscien­tes de las dudas, el miedo y las contradicciones que pueden sentir las mujeres ante el hecho de desenmascarar al agresor, así como la dificultad de continuar con los trámites procesales. ¿ Cuál es el móvil de la denuncia?

> No puedo dejar pasar por alto lo sorprendente de la cuestión. ¿Por qué se denuncia un robo? Rara vez nos cues­tionamos esto, en cambio es en los asuntos de violencia contra la mujer donde se convierte la víctima en sospechosa con demasiada facilidad. Incluso se siembra la duda de la falsedad del relato, culpabilizando doblemente a quien acude en busca de soluciones.

> Es cierto que nos encontramos con mujeres con relaciones muy deterioradas, con grave desestructuración familiar y problemáticas psicosociales que esperan con la denuncia por maltrato psicológico se resuelvan sus conflictos y no tienen conciencia de que se denuncia un delito y puede si es probado conllevar una pena.

> Hay datos del Consejo General del Poder Judicial del aumento en la retirada de las denuncias (26%) y apuntan a lo abrumador del proceso que “hunde” en la burocracia administrativa a las víctimas. Otras causas colaboran a que la víctima dude y dé marcha atrás retirando la denuncia:

  • El miedo a las represalias del agresor y su entorno.
  • La situación socioeconómica de dependencia con el agresor.
  • Los hijos a su cargo y el aislamiento social y familiar.
  • La culpabilización.
  • La compasión por la pena impuesta al agresor.

> Se hace necesaria una reflexión acerca de la frecuencia con la que la víctima de violencia de género, la mujer, es sospe­chosa o culpable o su credibilidad es puesta en tela de juicio más a menudo que en otros delitos. Se convierte en “culpable” ante los ojos de los profesionales por no denunciar a tiempo, culpable ante sí misma por aguantar”, culpable por no “haber sabido continuar con su matrimonio y familia”, culpable por no haber protegido a sus hijos del agresor, culpable por no tener recursos ni formación para el acceso al mundo laboral … > Pero también se convierte en sospechosa de falsedad de “querer sacar tajada”, de querer venganza, de beneficiarse económicamente, de querer alejar a los hijos del padre, de actuar movida por los celos …

> Estas afirmaciones más o menos explícitas se dan en diferentes ámbitos a pesar de los datos del Observatorio contra la Violencia indicando que aunque la idea de denunciar el maltrato, la violación o el acoso sexual va calando en la socie­dad todavía es la punta del iceberg lo que emerge.

> los profesionales de la psicología estamos contribuyendo desde la asistencia clínica en crisis, el apoyo y la orientación familiar, la intervención en trauma por maltrato a mujeres y sus hijos, y las periciales, a sensibilizar, concienciar y hacer visible la pandemia social que supone la violencia contra la mujer.

> Queda mucho por hacer en cuanto a concienciación ciuda­dana, en protección a las mujeres más vulnerables, (las ex­tranjeras en situación irregular], en sensibilización de colec­tivos profesionales, en coeducación, en definitiva, en IGUALDAD.