M” TERESA ACASO RUIZ
Psicólogo Servicios Sociales Penitenciarios de Murcia
Programa de Tratamiento para Agresores en
el Ámbito Familiar.

Cuando escuchamos hablar de Violencia de Género todos pensamos en las víctimas y en sus hijas e hijos, en ayudarles a superar toda una vida de maltrato, enseñarles a detectar futuras situaciones peligrosas, … pero siempre existirá esa víctima si no hacemos algo con su maltratador.

> Estamos viendo como un agresor repite el mismo patrón una y otra vez con diferentes mujeres. Cuando una mujer consigue separarse y romper con su relación de maltrato sabemos que va a llegar una nueva a sustituirla y que va a sufrir, exactamente, el mismo mal trato que la anterior. > Siempre que haya un agresor habrá no una, sino múltiples víctimas, por lo tanto, cómo no vamos a tratar a ese agresor. > Si lo que nos proponemos es que no haya más víctimas de la violencia de género, el tratamiento a sus maltratadores se hace imprescindible.

> A las personas que trabajamos con ellos nos ha tocado trabajar en el “lado oscuro”. Es muy importante hoy en día desmitificar la idea que tenemos todos del MALTRATADOR y que se conozca el trabajo que hacemos porque de lo contrario estamos trabajando para destruir los mitos que existen res­pecto al maltrato y las mujeres víctimas, pero estamos creando otros nuevos en cuanto al agresor. Se habla de monstruos, enfermos, personas marginales, analfabetas, … que no viven, ni muchos menos, cerca de nosotros. Pero la realidad es mucho más complicada que todo eso, las personas que están conde­nadas por delitos de malos tratos en el ámbito familiar son “normales”, es decir, son personas totalmente integradas en la sociedad, con su trabajo, con su familia, con sus amigos … Son hombres muy queridos por las personas de su entorno, que tienen una vida social normalizada. Pero en su casa, con su familia, todo cambia, no saben comportarse de manera correcta lo que les lleva a hacer daño a sus seres queridos.

> Cuando uno empieza a trabajar con los hombres condenados por delitos de malos tratos en el ámbito familiar espera en­contrar nada menos que un”extraterrestre”, y sorprende en­contrarse con una persona normal y corriente, que además en alguna ocasión hasta te resulta simpática y piensas que “en ese caso” han debido equivocarse y ha sido condenado por error, pues no. Los hombres simpáticos. Agradables, edu­cados, guapos, .. también pueden tratar mal a su familia. Te das cuenta que la realidad es que maltratador puede ser cualquiera, hasta tu vecino o incluso tu amigo o tu hermano.

> Otro aspecto que esperamos encontrar en estas personas es la agresividad, y encontramos que pueden ser muy tran­quilos, que muchos hablan de manera pausada, que no se alteran fácilmente … y esto no quiere decir nada, utilizan otra serie de estrategias para mantener el control como puede ser la coacción, sin necesidad de utilizar la agresividad.

> También tendemos a pensar que el que trata mal a su mujer es que lo ha visto en su familia de origen, que lo ha aprendido ahí, pero aunque el porcentaje más alto se da en aquellos que han vivido la violencia en sus casas, existe un pequeño grupo que nunca ha visto un maltrato en su casa y, aun así, ha sido violento con su pareja, por lo que no podemos reducirlo sólo a esos casos. O pensamos que la mayoría son extranjeros puesto que sus culturas están más atrasadas respecto a este tema que los españoles y la realidad es que ellos son iguales, o incluso más machistas que los extranjeros. Además, si hablamos de porcentajes, más del 50% de los hombres condenados por estos delitos son españoles, y el resto se reparte entre muy diferentes nacionalidades.

> El tratamiento que se lleva a cabo con los agresores domés­ticos es complicado puesto que llegan a él obligados por una orden judicial y ellos consideran que no han hecho nada, que su mujer se ha equivocado, o que solo quiere hacerle daño, o que quería darle un escarmiento pero “pensaba que no le iban a hacer nada y luego ha ido a retirar la denuncia y no la han dejado” .. También tengamos en cuenta que se les pena por comportamientos que no estaban condenados hasta hace 5 años, desde que aparece la Ley Orgánica 1/2004 de 28 de Diciembre de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. No solo no estaba apenado sino que era algo “nor­mal”, para muchos, dentro de la convivencia de una pareja.

> La principal carencia que encontramos en ellos y que más llama la atención es que son incapaces de expresar las emo­ciones, no saben lo que es una emoción, por lo tanto ni hablar de las emociones de su pareja. Hay que comenzar el trata­miento desde lo más básico: aprender qué es una emoción, cómo identificarla, expresarla, … Para que aprendan lo que es la empatía y sean capaces de ver el daño causado y no repitan. Otro aspecto que se trabaja con ellos son los meca­nismos de defensa tan afianzados que tienen, que comparten también sus parejas y, en ello, se amparan. Se trata de hacerles reconocer su error, de afrontar el daño que han hecho a otra persona, e incluso a sí mismos, para evitar que se repita. A su vez, se les enseña estrategias de control y afrontamiento para situaciones futuras, en especial el control de la ira, el resenti­miento y los celos (emociones que presentan la gran mayorías de agresores).

> La comunicación es algo fundamental a trabajar con este colectivo, puesto que sufren una gran falta de habilidades sociales en este sentido: tienen problemas a la hora de hacer una petición, realizar una crítica, tomar ciertas decisiones, solucionar un problema, … Por lo tanto si unimos las carencias en cuanto expresión ce emociones a la falta de habilidades de comunicación y les añadimos unos sentimientos celosos que les llevan, a su vez a sentir ira y resentimiento, se con­vierten en una bomba de relojería a punto de estallar. > Un tema que se trabaja, como no, es la violencia de género; se les enseña qué es, su funcionamiento, tipos, sus consecuencias, no solo para él, sino para su pareja y, sobre todo, para sus hijos e hijas, puesto que les resulta más sencillo empatizar con ellos. Al contrario de lo que se piensa, les preocupa el bienestar de sus hijos e hijas. El problema es que, a veces, les ciega esa relación insana de pareja y no les deja ver cómo les afecta ese compor­tamiento a ellos. En terapia se les enfrenta a dichas con­secuencias, haciéndoles ver cómo muchos de ellos están repitiendo el mismo patrón de comportamiento que sus padres y cómo a ellos les ha afectado. Que vean cómo viven “sus niños” esas situaciones, cómo les afecta ver el sufrimiento de sus madres o el miedo qua llegan a sentir hacia ellos.

> Lo más importante en el tratamiento con los maltratadores es enfrentarles a la realidad de su comportamiento (no es normal y hace daño a quienes más quieres) y además dotarles de las estrategias para poder modificar dichos comportamientos, puesto que de otro modo no estaríamos consiguiendo nada. Se trata de hacer que se comporten en pareja y en familia de un modo más correc­to, de forma que lleven una relación de pareja sana y positiva para toda la familia.

> La base del Programa de Tratamiento para Agresores en el Ámbito Familiar es la educación en igualdad. Pre­sentan muchos pensamientos erróneos sobre la mujer (su papel en la sociedad, sus derechos, … ) la relación de pareja, el maltrato, … intentamos enfrentarles a di­chas ideas, refutárselas y que aprendan otras más ade­cuadas. Esta es una tarea muy difícil dado que se trata de modificar pensamientos que han considerado correc­tos desde niños.

> En cuanto a este último punto, la realidad va mucho más allá. No solo encuentras desigualdad en un grupo de tratamiento para maltratadores. Mires donde mires te vas a encontrar a alguien, ya sea un profesor, un médico, un albañil o un banquero, que te va a hacer sentirte inferior por el solo hecho de ser mujer. Es, a través de la educación en igualdad, como podemos ayudar a cambiar todas esas ideas o comportamientos; pero no solo educando a los adultos, sino a los niños, en las escuelas, como una parte más del currículo escolar. Se da más importancia al aprendizaje de la historia antigua o de la naturaleza, antes que al respeto a los derechos de las personas que tenemos alrededor, a ser empáticos y aprender que nuestros com­portamientos tienen unas consecuencias, que a veces pueden ser muy negativas. Se valora más que los hijos tengan buenas notas, antes que saber si son buenas personas, si respetan a sus compañeros o sus profesores. Vemos todos los días como las niñas siguen sufriendo las desigualdades (a los 5 ó 6 años ya tienen que enfrentarse a sus compañeros porque las levantan las faldas) y son los papás y las mamás los que les dicen que no se preocupen, que son “chiquilladas” o “cosas de niños sin importancia”; y no son conscientes que en ese momento las están enseñando que tiene que “aguantar” ese tipo de agresiones a su persona, aunque no quieran, por el hecho de haber nacido mujer, en ese momento están desarrollando una indefensión aprendida hacia las con­ductas sexistas que van a ir sufriendo a lo largo de toda su vida, y seguirán aguantando porque “no pueden hacer nada”, “nos pasa a todas”, o “no es para tanto” …

> No nos engañemos, si queremos que desaparezca la violencia de género, que dejen de existir mujeres maltra­tadas o maltratadores tenemos que trabajar mucho más allá, con los más pequeños, a través de LA EDUCACIÓN EN LA IGUALDAD.