JORNADAS EL CONFLICTO Y SUS SOLUCIONES
Se están celebrando en Murcia las Jornadas sobre El Conflicto y sus Soluciones, (7, 8, 14 y 15 de Octubre), organizado conjuntamente por el Colegio Oficial de Psicólogos de la Región de Murcia y el Ilustre Colegio Oficial de Abogados de Murcia.
En estas Jornadas están participando: D. Manuel Campos Sánchez, Dña. Natalia Carreres Casanove, Dña. Blanca Belén Castillo Amorós, Dña. Mª José Catalán Frías, D. Joaquín Ángel de Domingo Martínez, D. Fernando Florit Carranza, Dña. Mª Begoña García Ayala, D. Francisco García Rivas, D. Francisco Martínez-Escribano Gómez, D. Rafael Moreno del Pozo, Dña. Rosa Mª Nogueroles Ivorra, D. Pascual Ortuño Muñoz, D. Javier L. Parra García, D. Sebastián de la Peña Velasco, Dña. Daniela Rubio Riera.
La decana del Colegio Oficial de Psicólogos de la Región de Murcia, Mª José Catalán expuso durante su intervención la necesaria participación de la psicología y sus profesionales en la búsqueda de métodos alternativos de resolución de los conflictos judiciales, y el trabajo desde una perspectiva interdisciplinar para mejorar la calidad de los servicios, su eficacia y la satisfacción para los usuarios. Presentamos a continuación su exposición:
Todos los presentes sabemos que los conflictos son parte de nuestra vida y suponen una gran fuente de aprendizaje, y los psicólogos nos hemos adentrado en estudiarlos y analizar las estrategias de su abordaje, enseñando a manejarlos, ya que a lo largo de nuestra vida nos vamos a encontrar muchas situaciones conflictivas y debemos de estar preparados para enfrentarnos a ellas y evitar las consecuencias negativas de una mala resolución, aprendiendo las estrategias que pueden sernos más útiles.
Necesitamos herramientas para afrontar las diferencias con los otros, teniendo confianza y respeto en uno mismo y en los demás, sabiendo expresar adecuadamente las emociones, escuchando al otro y buscando alternativas válidas para todos los miembros que experimentan el conflicto.
Tras la valoración de la existencia de ese conflicto es fundamental dejar de buscar culpables y comenzar a pensar en cómo uno mismo ha vivido, interpretado y sentido lo sucedido, y qué propuestas de cambio haría, y escuchar al otro en su forma de vivir, interpretar y sentir, así como sus propuestas futuras. Esto nos permite no anclarnos en nuestra posición, valorando otras vertientes y otras soluciones.
El objetivo de estas jornadas es ahondar en fórmulas alternativas de resolución de conflictos, que no sean únicamente judiciales. En este terreno es imprescindible el trabajo de distintas ciencias, que de forma interdisciplinar ahonden en nuevos caminos de abordaje.
Los abogados se encuentran especialmente entrenados en diferentes formas de abordar los conflictos de manera que la solución no desemboque en una litigiosidad sin fin, a vosotros os han formando en técnicas de negociación encaminadas a llegar a acuerdos extrajudiciales. Debemos animar a que sea habitual la puesta en marcha de estas estrategias de manera rutinaria.
En distintos ámbitos de la justicia se procura alcanzar acuerdos entre las partes sin que se tenga que proceder a la celebración del juicio, siendo habitual en el ámbito de familia, o en juicios penales alcanzando conformidades.
Pero observamos que estos abordajes se quedan cortos, que la litigiosidad va en aumento, que cada vez se inician más procedimientos judiciales en todas las áreas, que estamos inmersos en una sociedad que no encuentra de manera natural fórmulas pacíficas de resolución de sus problemas.
En esta esfera considero que los psicólogos pueden aportar estrategias y puntos de vista enriquecedores que consigan, por un lado disminuir esta cifra judicial en aumento, pero por otra, y desde el punto de vista psicológico más importante, disminuyendo el coste emocional que conlleva el paso por la justicia, lo que en según que situaciones se traduce en victimización secundaria.
En todas las actuaciones del ser humano va a quedar la huella psicológica de lo que hacemos, y debemos de conseguir que esa huella sea lo más positiva posible, o por lo menos intentar amortiguar sus consecuencias negativas.
Con el inicio de un procedimiento judicial volcamos en cierta medida nuestra responsabilidad en un tercero que es el que va a tomar una decisión sobre nuestro futuro. Esto es especialmente evidente en el campo de familia, en el que desde todas las esferas se insta a utilizar procedimientos pacíficos como la Mediación Familiar.
En estas jornadas abordaremos en profundidad esta fórmula de resolución, que consideramos es esencial para trabajar dentro del derecho de familia. La idea central en la que debemos de focalizar nuestra atención es precisamente la asunción por parte del propio individuo implicado del poder de decisión, ayudándole a ahondar en las alternativas y soluciones que se ajusten mejor a las circunstancias familiares, valorando sus necesidades y disposiciones no desde un abordaje individual sino desde una perspectiva grupal, donde se contemple la totalidad y complejidad de la familia, y donde ambos progenitores puedan construir de manera positiva su parentalidad, de manera independiente a su conyugalidad ya concluida, salvaguardando el siempre supremo interés de los menores, y su necesidad de poder contar con sus dos progenitores en el día a día.
Sabemos que es precisamente en este ámbito del derecho donde las emociones se encuentran más externalizadas, y donde es fácil entrar en una escalada de ataques, en aras de la “legítima defensa”, que puede “aliviarles” temporalmente, pero que desde luego no ayuda a la superación del conflicto y que todos sabemos que daña de manera a veces irreversible a los hijos.
Por ellos, por su futuro, y por el nuestro que se encontrará en sus manos, debemos de ahondar en este compromiso, en esta asunción de responsabilidades, en fomentar la capacidad con la que cada uno de nosotros contamos para mejorar las relaciones.
La Mediación permite a sus protagonistas continuar siendo protagonistas, ellos fueron los autores de sus desencuentros y, en mediación, son los autores de una ruptura más ordenada, consensuada. No todo ha de acabar en resentimiento.
Dejemos que la justicia sólo tenga que actuar en los casos extremos, teniendo que adoptar medidas, que ponga límites a una incapacidad para adoptarla por los propios implicados. Resolución que no les va a complacer totalmente y que será fácil que incumplan, lo que derivará en nuevas judicializaciones.
Tenemos que quedarnos con la idea de que en la ventilación de estas cuestiones, la mediación no es que tenga futuro, sino que es el futuro.
Puede afirmarse que la Mediación es la reina de los métodos extrajudiciales, por su bondad, por su complejidad técnica, por su naturaleza no vinculante, por el protagonismo que otorga a las partes en conflicto, y por la satisfacción íntima e inigualable que sienten todos sus protagonistas cuando hay acuerdo.
Sociedades en las que la mediación tiene una larga trayectoria en todos los ámbitos, pero fundamentalmente en el civil y en mercantil sólo encuentran un problema en la mediación, y es que una parte acuda a ella para conseguir un acuerdo sabiéndose perdedora en un juicio o arbitraje.
A lo largo de estos días se hablará de las ventajas de estos métodos de resolución de conflicto extrajudiciales para todos, para la Administración sin duda, con reducción de asuntos y ahorro de costes, pero desde el punto de vista psicológico la ventaja fundamental es para los implicados, porque reduce el desgaste emocional, y como decíamos antes, devuelve el poder a las partes implicadas, generando un mayor y más satisfactorio cumplimiento de lo acordado.
Pero no sólo es importante esta asunción de responsabilidad en estos casos de familia. En todos los ámbitos de actuación humana es necesario que el propio individuo asuma sus responsabilidades, las consecuencias de las acciones inadecuadas (ilícitas) que haya cometido, y en psicología sabemos que para que una persona se de cuenta de lo inadecuado de su actuación es necesario que la respuesta que se dé sea contingente a su actuación, y esto se encuentra muy lejos del día a día de los juzgados. La gran carga que soportan hace que la justicia sea lenta y no se produzca una respuesta ágil y rápida ante ciertos delitos.
Una de las situaciones más dolorosas y graficas, por lo menos para los peritos que nos encontramos dentro del sistema, son los abusos sexuales infantiles. Un maltrato especialmente grave y dañino para la víctima, a la que continuamos victimizando con el proceso judicial, lento, repetitivo y a veces deshumanizado. ¿Pero qué recompensa puede suponerle a un menor el que se imponga un castigo cinco años después de haberse producido los hechos? ¿Y para el autor, cumplir una condena muchos años después de cometido el hecho delictivo? ¿Y qué pasa si después de tanto tiempo se absuelve al acusado?, ¿qué se hace con el dolor que se le ha causado?, y ¿qué se hace en los casos en donde esta situación se da en el seno de la propia familia, y con esa lentitud hemos propiciado la desvinculación de un menor con su progenitor?
Podríamos realmente impulsar una atención adecuada, ágil y rápida hacia todos los grupos vulnerables, menores y ancianos, al igual que se ha promovido en el campo de la violencia de género.
En este campo, el penal, hay muchas situaciones que también podrían trabajarse con estas otras fórmulas de resolución de conflictos, con equipos interdisciplinares, en el que los psicólogos ayuden a que el autor asuma su responsabilidad, y comprenda las consecuencias que tienen sus actos, teniendo una respuesta inmediata que dé sentido a esa “pena”, y donde se ayude también a la persona autora a modificar aquellas conductas que son inadecuadas, reeducando y trabajando para su reintegración en la sociedad a la que va a tener que volver.
Hay que reforzar los tratamientos y trabajos terapéuticos, ya que lo que debemos de perseguir no es castigar una conducta, o por lo menos no únicamente, sino que ésta no vuelva a repetirse, por eso los psicólogos vemos tan necesario el trabajo por ejemplo con los maltratadores, ya que debemos de conseguir que las conductas de maltrato no se repitan, no sólo con la víctima que denuncia, sino con otras posibles víctimas futuras, con nuevas parejas a las que pueda infringir ese mismo daño, por el que ya ha cumplido condena.
El abordaje de los conflictos en otras áreas de actuación con intervenciones diferentes sabemos que es posible, y se ponen en práctica a diario en todas las ramas judiciales, siendo quizá el ámbito laboral donde más habituados estamos a ello, pero este trabajo es aplicable a todas las jurisdicciones, sólo hay que trabajar para ponerlas en marcha con programas que pueden y deben de comenzar a implantarse dentro del propio ámbito judicial, con dispositivos que pueden ser también intrajudiciales en el abordaje pacífico de los conflictos.
La satisfacción de los ciudadanos se acrecentaría, ya que encontrarían en la justicia una respuesta rápida, y en la que ellos mismos han podido trabajar en su solución, retomando el poder de decisión y evitando la indefensión que provoca ese estado de espera tras interponer una denuncia o demanda judicial.
Espero y deseo que en estas jornadas podamos trabajar en este gran objetivo de poner en marcha esta otras fórmulas de resolución de conflictos que nos ayudará a construir una justicia más saludable psicológicamente para los implicados.
Mª José Catalán Frías
Decana del Colegio Oficial de Psicólogos de la Región de Murcia
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