Recientemente, con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, la Responsable del Programa de Trastorno Bipolar del Hospital Universitario La Paz de Madrid, Consuelo de Dios, aseguró que el trastorno bipolar afecta en Europa a unos 2,4 millones de personas que, en muchos casos, pueden tardar hasta ocho años en ser diagnosticados correctamente, lo que conlleva un retraso en el tratamiento correcto de la enfermedad y, por lo tanto, un peor pronóstico.

Esta enfermedad se caracteriza por cambios drásticos en el humor, la energía y la capacidad funcional de los pacientes, que pasan desde la tristeza y la desesperanza en las fases depresivas a la euforia y la irritabilidad en las fases de manía, a menudo con periodos de humor normal entre ambas fases. Aunque las primeras manifestaciones suelen aparecer entre los 15 y los 19 años, los expertos calculan que existe un lapso de hasta ocho años entre la aparición del primer episodio de alteración del humor y el diagnóstico de trastorno bipolar.

De Dios admite que a menudo sólo se observan los síntomas depresivos en los pacientes, por lo que reciben un diagnóstico de depresión unipolar. En otras ocasiones, se manifiestan primero los síntomas psicóticos y los pacientes son diagnosticados de esquizofrenia o de psicosis por consumo de drogas. En ambos casos, la principal consecuencia es el retraso en el tratamiento correcto de la enfermedad y, por lo tanto, un peor pronóstico.

Para reducir el retraso en el diagnóstico, la doctora apuesta por mejorar la información y la formación no sólo de los profesionales sanitarios, sino también de la sociedad en general. Además destacó el alto grado de incapacidad que causa la dolencia ya que los pacientes “no se ven capaces de trabajar”. “Durante las fases de euforia pueden estar todo el tiempo haciendo cosas, empiezan varias tareas a la vez y no las terminan”. Esta hiperactividad se acompaña a menudo de menos ganas de dormir, verborrea y conductas que implican pérdida del sentido del riesgo, como conducir rápido o consumir drogas.

Por el contrario, en las fases depresivas, los pacientes pierden todo interés por las tareas cotidianas, llegando a descuidar incluso su higiene personal y su alimentación.

Esto conlleva también un rechazo por parte de determinados sectores de la sociedad, y muchos pacientes tienen que dejar de trabajar a causa de la enfermedad y, de hecho, se calcula que el trastorno bipolar provoca la pérdida de catorce años de vida laboral por cada afectado.