Hoy en día, en nuestra sociedad occidental, hablar de la muerte es complicado. Podríamos decir que casi “de mal gusto”. En muchas ocasiones evitamos de varias formas mirar de frente ante esta realidad. Por este motivo con más razón el profesional de la psicología que actúa en situaciones de terrorismo tendrá que enfrentarse en muchas ocasiones a procesos de duelo complejos, más aún si se trata de menores.
Generalmente este hecho se tapa, se oculta y se aleja, como si morir fuera en realidad una equivocación o un error que no tiene por qué pasar o pasarnos (de momento). Incluso la palabra “muerte” o “morir” nos incomoda y por eso usamos eufemismos - “Se ha ido a un largo viaje”, “Ahora está en otro lugar”, “Descansa en paz”-, porque hablar de forma literal, puede ser tomado a mal por la persona que nos escucha.
