Rocío la semana pasada se enfadaba con su madre Carmen porque esta no quería dar las “buenas noches” a su amigo Pepe, el osito. Sin embargo, Carmen no se les daba porque no le veía. ¿Qué estaba pasado? Pues simplemente que Rocío había creado en su imaginación a Pepe, un “amigo invisible” o un “amigo imaginario”, al que sólo ella es capaz de ver.

Estos amigos imaginarios de los niños, que tienen que ver con el desarrollo del juego simbólico en los niños, y que en muchos casos parecen estar relacionados con unas buenas habilidades de creatividad, de empatía o de buenas destrezas lingüísticas de los pequeños, pueden ser de diferente tipo, desde personajes de fantasía, como hadas o superhéroes, a animales, muñecas o peluches.

Cada vez más estudios realizados por prestigiosas universidades de todo el mundo están demostrando la relación directa que existe entre lo que comemos y nuestro bienestar emocional, o la felicidad de la que disfrutamos. Esto está haciendo que cada vez exista un mayor interés (preocupación) por el público en general en el cuidado de nuestra salud, en el deporte que practicamos, o incluso las nuevas tecnologías que usamos para controlar nuestros progresos en ese deporte.

A ello está contribuyendo también, aunque de forma indirecta, el auge de la psicología positiva que se está colando ya casi como lenguaje popular, no solo como disciplina científica, y a la que está contribuyendo el equipo de Marisa Salanova en la Universidad Jaime I de Castellón.

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